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Celebrando la fe. Una reflexión sobre los sacramentos

By Administrador | noviembre 18, 2007

Tomado de MªPatxi Ayerra (Así vivo yo como cristiana. Cartas a un amigo que quiere ser cristiano)
Lo que te decía de celebrar la fe es que uno comienza a bautizar a sus hijos ya que apuntarles a ser cristiano es algo positivo. Y aunque hay gente que prefiere esperar a que ellos elijan por sí mismos cuando sean mayores, yo elegí para ellos lo mejor, y mi marido y yo “les dimos la fe” enseguida, como lo hicimos con la alimentación, la enseñanza, los amigos y los valores. En el bautizo se celebra que unos padres presentan a sus hijos a la comunidad y rezan juntos para que la fuerza de Dios habite en él. Es una celebración preciosa e importante pues se reflexiona sobre los valores de Jesús, como el amor, la justicia la paz, etc., y se renuncia a los contrarios como la competitividad, el consumismo, la violencia y otros muchos. Se elige a dos personas que serán los padrinos y que no son los que llenarán al niño de regalos durante toda su vida, sino que serán los responsables de que este crío se mantenga fiel al seguimiento de Jesús. ¿Te acuerdas del bautizo en el que coincidimos el otro día? Pues ninguno de los padrinos era creyente. Los eligieron porque son los tíos del niño, pero dime tú cómo van a animar a este niño a que sea creyente. Pues en la ceremonia lo prometieron y muy solemnemente. ¿Qué te parece?
Así hacemos muchas veces con los sacramentos. Se han convertido en actos sociales y se siguen manteniendo pero sin Dios. Y esto, reconocerás, que no tiene ningún sentido. Bueno, pues la penitencia es el sacramento del perdón, en el que celebramos con la comunidad que todos tenemos fallos y que contamos con la fuerza del Espíritu que nos ayuda a vivir amando más. Un acto penitencial es algo precioso, pues nos une a todos en la sencillez, en la humildad, en la debilidad y en la maravilla de sentirnos perdonados por Dios y en el perdón de unos para con otros.
También el sacramento del perdón lo estropeamos a veces, convirtiéndolo en decirle los fallos a una persona sin ninguna actitud de cambio, sino simplemente con la precaución de que no nos pille la muerte con “alguna mancha en el expediente” y así la decimos en el confesionario y se borra… ¡es una pena que lo hayamos “desgastado”! Porque Jesús nos invitó a perdonarnos los pecados y eso quiere decir que nos liberemos de la culpa y del complejo de culpa, de sentimientos enfermizos que nos atan a aquello que hemos hecho mal, en vez de a nuestras posibilidades de mejora y de amor. Si vieras, en cambio, a los niños con qué profundidad y espíritu de querer mejorar celebran el perdón para comulgar… ¡es precioso! Ellos si que saben lo que proponía Jesús para el sacramento del perdón.
Luego está el sacramento mas frecuente, que es el de la Eucaristía, que no es otra cosa que la misa que celebramos los domingos, en los funerales y en los momentos claves. Verás, en la misa rememoramos aquella cena de Jesús con sus amigos. Por eso, lo mejor sería que fueran en grupos pequeños, para poder tener intimidad y hablar todos más. Ya que es muy serio lo que se celebra. No me detengo mucho para no aburrirte, pero una misa es un grupo de cristianos que se juntan para memorar lo que Jesús hizo por nosotros y animarse a vivir haciendo lo mismo, es decir, a seguir a Jesús en su mismo itinerario. Para eso se reúnen en su nombre, se sienten acogidos por Dios y perdonan al comienzo de la celebración para estar contentos por Dios, consigo mismos y para arreglar algún mal rollo que haya entre ellos y con los demás, proclaman y comentan las lecturas que son los mensajes de Jesús y de otros cristianos. Luego presentan a Dios su vida y sus problemas junto al pan y al vino, y tras darse la paz unos a otros, para mejorar sus relaciones y rezar la oración que Jesús nos enseñó; el padrenuestro; después se come el Pan, y a veces se bebe el Vino, eucaristizados. Es el mismo gesto de Jesús cuando dio a comer el pan y el vino en la última cena después de haber dicho:”Esto es mi cuerpo, esta es mi sangre”, haced siempre en memoria mía.
Y comulgar no te creas que es simplemente comerte un trocito de pan de oblea o de barquillo…no. Comulgar es tragarse a Jesús, estar de acuerdo con Él, aceptar su modo de vida y comprometerse a salir al mundo a vivir a su manera. Es vivir en común unión con Él, con los otros hermanos, y eso nos anima al celebrarlo y, sintiéndonos unidos a Cristo, terminamos dando gracias y marchándonos en paz, contentos y felices, a llenar el mundo de su amor y a vivir la vida con gozo y con pasión.
Claro, que me dirás que dónde están esos cristianos contentos, que salen de misa “achampañados”, alimentados por Jesús, cuando muchas veces parece que salen del tanatorio, con caras grises y sosas, que parecen que salen del cine de ver una película aburrida. Pues tienes razón, muchas veces no celebramos la Eucaristía sino que estamos en ella, sin meternos, sin vivirla de verdad, sin que parezca que nos lo creemos o sin poner pasión y creatividad en la liturgia. ¿Ves como es urgente que los cristianos nos renovemos y estemos vivos? Así nuestras misas serán alegres y atractivas…pero vamos a dejarlo.
De momento, yo, cuando voy a misa, intento “meterme del todo”. Procuro buscar a alguien conocido para sentirme en comunidad, o ir a una eucaristía en la que me encuentre con gente con la que comparto vida y en sintonía con la comunidad parroquial. Porque para mí la misa es una cosa muy, pero que muy importante, que me da vitaminas para la semana, y así a la salida la comentamos y compartimos como Jesús nos alimenta y nos hace bien a todos.
El sacramento de la confirmación es que un bautizado elige personalmente el seguimiento de Jesús y lo celebra con otros hermanos de comunidad y con toda la Iglesia. Un obispo le acoge y signa y él comparte públicamente su interés por ser cristiano. Es un sacramento de plenitud, ya que suelen ser bebés cuando se bautizan, demasiado niños cuando hacen su primera confesión y comunión y, en cambio, la confirmación la hace uno cuando ya es más consciente y elige con más datos y sentido crítico lo que supone el cristianismo. En el seguimiento de Jesús he de decirte, que es Él el que toma siempre la iniciativa, o sea, que no se puede conseguir por puños, sino que es Dios el que te ha llamado primero, el que siempre anda buscándonos y saliendo a nuestro encuentro y solicitándonos para que le sigamos sin mirar hacia atrás.
El matrimonio es otro sacramento en el que una pareja celebra en sociedad su amor y quieren que Dios les una, fortalezca su amor y les bendiga para siempre. Es una lástima que muchas personas utilicen esta celebración religiosa porque no hay ceremonias civiles que la suplan y entonces hacen el “paripé” de casarse ante Dios cuando no tienen con Él ninguna relación, o quizá lo hacen para agradar a los padres, ser mejor vistos socialmente o lucir el traje de novios.
El sacerdocio es otro sacramento en el que se celebra que un hombre se compromete al seguimiento de Jesús entregándole toda su vida, renunciando a tener una familia, a los bienes materiales y obedeciendo a la Iglesia. Dedicará su vida al bienestar de los demás, material y espiritual, y gastará su vida en los intereses de Dios y de los más pobres. Presidirá algunos sacramentos y vivirá una vocación de servicio.
El último sacramento es la unción de enfermos que es algo que se suele celebrar cuando una persona está a punto de morir; pero que en realidad consiste en pedir a Dios fortaleza para vivir la enfermedad en su compañía y además, si está la muerte próxima prepararse para encontrarse con Él en paz y vivir esta situación difícil con serenidad y armonía. Lo ideal sería celebrar este sacramento con toda persona que está enferma.
Todos estos son los sacramentos y fiestas que celebramos los cristianos. Todas ellas son alegres, bonitas, vivas y deberían animarnos el alma y llenarnos de fortaleza e ilusión por seguir a Jesús y su estilo de vida. Y si no nos ponen contentos… es que no son de Dios… es que nos las hemos cargado con la rutina y la falta de creatividad tanto por parte del celebrante, como de los participantes.
Tomado de MªPatxi Ayerra (Así vivo yo como cristiana. Cartas a un amigo que quiere ser cristiano)

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